El Rey viaja a India a vender la marca España a 1.280 millones de consumidores Cuatro ministros y 12 empresarios acompañan al monarca para intentar cerrar acuerdos en un país receloso de la inversión extranjera

En su frenética campaña por impulsar la marca España – en junio viajó a Brasil y Chile y en julio a Rusia- y por recuperar el terreno de popularidad perdido por la cacería de Botsuana y el caso Urdangarin, el Rey llegó anoche a la India en un viaje oficial de cuatro días para desplegar la diplomacia más vistosa, la económica, e intentar abrir camino a las empresas españolas en un mercado de 1.280 millones de habitantes, es decir, consumidores.

Además del titular de Exteriores, José Manuel García-Margallo, otros tres ministros han querido viajar con el monarca para intentar cerrar acuerdos que favorezcan a las empresas de sus respectivos sectores: el de industria y comercio, José Manuel Soria, el de defensa, Pedro Morenés y la de Fomento, Ana Pastor. Con ellos viaja el vicepresidente de la CEOE, Arturo Fernández; el presidente del Consejo Superior de Cámaras de Comercio, Manuel Teruel y 12 empresarios (de Sacyr, Navantia, OHL, Abengoa, Acciona, Indra, Talgo, Caf, Roca…) que intentarán arrancar contratos en una economía que el año pasado creció un 7,4%, frente a la española, que acumula dos años consecutivos de recesión.

El embajador español en India, Gustavo de Arístegui, asegura que habrá “un antes y un después” de este viaje. La promesa es verídica, pero porque está todo por hacer. Ahora hay apenas 150 empresas españolas instaladas en un mercado de 1.280 millones de habitantes y en el que todo el mundo quiere entrar, entre otras cosas, porque India calcula que necesita invertir 1 billón de dólares en infraestructuras solo en los próximos cinco años.

Las posibilidades, insiste De Arístegui, son “extraordinarias”, pero no va a ser fácil. La competencia es feroz porque los países de la UE, acuciados por la crisis, se han lanzado a la carrera por los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) a la búsqueda de inversiones y mercados para sus bienes y servicios nacionales con los que poder estimular sus respectivas economías . Y no va a ser fácil porque, en cualquier caso, la apertura económica no ha terminado de llegar en India. La reciente reforma para permitir la inversión extranjera en el comercio y las aerolíneas provocó el pasado 20 de septiembre una huelga general que apoyaron más de 50 millones de comerciantes y la ruptura entre el primer ministro, Manmohan Signgh, y su principal aliada, Mamata Banerjee, que dejó el Gobierno: “No podemos tolerar a esos que están planeando vender el país entero”, dijo.

La falta de liberalización se es uno de los principales cuellos de botella para el crecimiento de India, un país con tanto potencial como necesidades. El pasado agosto, por ejemplo, la excesiva demanda de electricidad provocó un apagón que afectó a 600 millones de habitantes, lo que cuestiona la capacidad de India para sostener su crecimiento. De momento, se espera que este año sufra la mayor ralentización de la década, al quedarse en un 6,1 tras haber crecido al 7,4% y el 8,5% los dos años anteriores.

Con este panorama, el Rey visita Bombay y Nueva Delhi como embajador económico para que empresas españolas puedan jugar un papel muy importante en los próximos años de este país de contrastes, donde un primer ministro de 80 años gobierna una nación en la que la media de edad ronda los 25 años y las aceras de los grandes edificios están abarrotadas de gente que duerme en la calle.